Scrap en pausa
El scrap ahora mismo ocupa un segundo —o incluso un tercer— plano en mi vida creativa, y decirlo así, sin adornos, no me incomoda. Lleva un tiempo apartado, no por rechazo ni por desinterés, sino porque vengo de meses intensos y me siento algo saturada, con la necesidad de tomar distancia y bajar el volumen.
Aun así, el scrap nunca desaparece del todo. Aunque lo toque menos, sigue presente de una forma silenciosa: cuando veo un papel bonito, un adorno o una imagen, mi cabeza va sola a imaginar cómo lo usaría, dónde encajaría, qué historia podría acompañar. Es algo casi automático, como un idioma que ya forma parte de mí aunque no lo esté hablando a diario.
Con el tiempo he entendido que el scrap tiene mucho más que ver con la memoria que con la producción. Lo que haga —o lo que no haga— ahora, permanecerá. Será una forma de mirar atrás y ver mi historia, o la de las personas que quiero, desde un lugar visual y pausado. Entender eso me costó, pero me dio mucha calma.
Tengo proyectos sin empezar, ideas que esperan, materiales guardados desde hace tiempo. A veces, cuando me acuerdo de ello, aparece una pequeña incomodidad, una sensación de “debería”, aunque sé que no es real. El scrap está ahí para cuando yo quiera volver, no para exigirme nada.
También sé lo que el scrap me ha dado y lo que me ha quitado. Llegó en un momento personal complicado y me ayudó mucho; me sostuvo, me dio estructura y me permitió salir de un lugar difícil. Con el tiempo, sin embargo, la exposición constante, la comparación y ciertas dinámicas poco sanas hicieron que necesitara apartarme. No del scrap en sí, sino de todo lo que lo rodeaba. Hoy lo miro con más conciencia: sé lo bueno que me aporta y también lo que necesito mantener a raya.
Mirar lo ya hecho me reconforta. Verme a mí, ver a mi familia, ver cómo la vida nos va cambiando. A la vez, no puedo negar que a veces aparece la frustración de compararme, incluso cuando no quiero. Forma parte del proceso y también de aprender a relacionarme de otra manera con lo que creo.
Enero es un mes perfecto para esto: sentarse, descansar, observar desde cierta distancia y aceptar que no todo tiene que estar en movimiento constante. Ahora mismo no estoy haciendo scrap. Y está bien así. Porque no hacerlo no significa haberlo dejado, solo significa que está esperando, como tantas cosas que siguen siendo importantes aunque no ocupen el primer plano.
¿También tienes algún espacio creativo que ahora mismo esté en pausa, pero que sabes que volverá cuando sea el momento?
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