Mi material de bordado: las fundas de mis proyectos
Hoy quería enseñaros cómo guardo mis labores de bordado, porque con el tiempo este sistema se ha convertido en una parte importante de mi forma de trabajar. Tengo varias fundas y no todas son iguales, pero casi todas responden a la misma idea: que cada labor tenga su espacio y que todo lo necesario vaya junto, sin mezclas ni búsquedas innecesarias.
Ninguna de estas fundas las he hecho yo. Todas son encargos; la gran mayoría a Marina, de Los bordados de Marina y dos a Punto de Cruz Raquel. Con el tiempo he ido reuniendo varias porque me resultan prácticas y cómodas para el día a día.
Suelen estar pensadas como un conjunto: un espacio para la tela, otro para los hilos y una pieza más pequeña para las tijeras, normalmente todo a juego. Me gusta porque me permite abrir y empezar, sin más. En muchas de ellas los compartimentos son transparentes, algo que agradezco especialmente cuando tengo varios trabajos en marcha y necesito identificar los colores de un vistazo.
En cuanto a las telas, casi todas tienen un aire muy otoñal. No es algo buscado de forma consciente, pero siempre acabo eligiendo estampados en tonos cálidos, cuadros o motivos que me resultan familiares. Supongo que es una manera más de sentir cada labor como algo propio y de rodearme de cosas que me hacen estar a gusto mientras bordo.Este sistema me sirve tanto para lo que estoy trabajando ahora como para aquello que queda en pausa. Cuando una labor está bien guardada, no la siento abandonada, simplemente esperando. Para mí hay una diferencia clara entre dejar algo apartado sin cuidado y guardarlo sabiendo que volveré a ello cuando me apetezca.
Además, tengo una funda distinta que reservo únicamente para los trabajos ya terminados. Me la hizo mi cuñada, que tiene unas manos ideales para la costura y una forma de hacer las cosas muy cuidada, y la utilizo como lugar de descanso para las labores una vez cerradas. Tiene la parte delantera transparente, lo que me permite ver el bordado sin sacarlo ni manipularlo, manteniéndolo protegido al mismo tiempo.
No la uso para transportar ni para trabajar, sino como una forma de separar mentalmente lo acabado de lo que sigue en proceso. Me gusta que cada pieza terminada tenga su propio lugar, como una manera tranquila de dar por cerrado un trabajo antes de empezar el siguiente.
No son objetos pensados para lucirse ni especialmente perfectos, pero sí muy vividos. Acompañan cada labor durante el tiempo que haga falta y forman parte del proceso, igual que la tela, los hilos o las puntadas.








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