Un sábado de patchwork en Sitges
El mar a un lado, el sol de marzo sorprendiendo a todo el mundo y, al fondo, las carpas del festival. Así empezó el sábado.
El sábado 21 ya era de por sí una jornada bonita —el día después de mi cumpleaños, con mi hija en casa y un plan en Sitges por delante— y terminó siendo exactamente eso: uno de esos días que se quedan contigo.
Hace unos días os hablaba aquí del Festival Internacional de Patchwork de Sitges y de las ganas que tenía de volver este año. Finalmente fuimos, y esto es lo que os cuento hoy.
Y digo “fuimos” porque no fui sola. Mi hija estaba esos días de visita con su novio, y se apuntaron al plan. Mi marido y mis cuñados también vinieron, así que terminamos siendo un grupo de seis.
Para algunos era su primera vez en una feria de este tipo, y también su primer contacto con Sitges, lo que añadió al conjunto ese punto de descubrimiento.
Y luego estaba mi cuñada, que se dedica al patchwork y sabe muy bien lo que busca. Compartir una feria así con alguien que vive este mundo desde dentro hace que todo se disfrute de otra manera. No es lo mismo mirar que hacerlo acompañada de alguien que entiende.
Llegamos sobre las 10:30 y, después de aparcar, fuimos andando hasta la zona de las carpas. El trayecto ya era parte del día: bordeando el mar, con ese sol de marzo que todavía sorprende, y un ambiente animado que te pone de buen humor sin que te des cuenta. La feria abría a las 11, así que todo invitaba a tomárselo con calma. Y eso hicimos.
El recinto estaba organizado en tres carpas llenas de stands: telas, quilts, hilos… y muchísima inspiración. Todo giraba en torno al patchwork, con estilos muy distintos entre sí.Mi cuñada y yo nos adentramos mientras los demás nos esperaban fuera explorando Sitges por su cuenta, que tampoco era mala opción. Pasear entre tantas telas y materiales siempre resulta inspirador, porque en cada puesto aparece alguna combinación de colores o algún detalle que despierta ideas para futuros proyectos.
Algo que me llamó la atención fueron los grupos de mujeres que, seguramente, compartían cursos o pertenecían a alguna asociación. Algunas llevaban la misma chaqueta, otras bolsos o mochilas iguales, todo hecho en patchwork. Era bonito ver esa dimensión más colectiva, esa forma de reconocerse entre ellas sin necesidad de decir nada.
Entre los stands descubrí una tienda que no conocía: A tu aire. Bolsos, fundas de cuaderno, de tablet… todo muy cuidado y con un estilo que me encantó. De esas que apuntas para no olvidar.
Y luego estuvo ese momento. Mientras mi cuñada estaba en un stand bastante concurrido, yo me acerqué a Patch Nature y, justo entonces, estaba completamente vacío. Pude ver todas las labores con calma, sin ruido, deteniéndome en cada detalle. Uno de esos instantes inesperados en los que todo se serena. Casi como si el tiempo hiciera una pausa solo para ti.
Después de recorrer las carpas nos reunimos los seis para tomar algo y comer juntos. Habíamos reservado mesa en el restaurante Sitges Bon Estar, y la ocasión era celebrar mi cumpleaños, que había sido el día anterior. Fue un momento muy agradable, de esos que surgen de forma natural cuando la jornada se va desarrollando sin demasiada planificación. Y recibí un regalo precioso de mi cuñada… que os enseñaré en la próxima entrada 🍂
Tras la comida dimos una vuelta por el pueblo. Sitges siempre merece la pena, y caminar un rato por sus calles con el mar cerca y el ambiente animado del festival termina formando parte también de la experiencia.
No estuvimos todo el día, solo unas horas, pero fue tiempo suficiente para disfrutar de la feria, del paseo y de esa sensación tan especial que se crea cuando tanta gente se reúne alrededor de las telas, las labores y la creatividad.
Y en cuanto a las compras… ya me conocéis. Alguna pequeña tentación también se vino a casa conmigo, claro.
Pero eso os lo enseño con más calma en la próxima entrada.
A veces basta un rato entre telas para volver a casa con nuevas ganas de coser.





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