Un mayo más silencioso

Últimamente tengo la sensación de que los días avanzan de una forma un poco extraña, como si todo siguiera exactamente igual y, al mismo tiempo, algo hubiera cambiado por completo dentro de mí.

Mayo siempre me ha parecido un mes tranquilo, un mes de luz suave, de tardes que empiezan a alargarse poco a poco, de ventanas abiertas y de esa sensación de transición silenciosa entre estaciones. Sin embargo, este año lo estoy viviendo de otra manera, con una calma distinta, más lenta, más introspectiva también.

Me siento un poco distinta.

No sabría explicarlo del todo, porque no es una tristeza constante ni una sensación de estar mal todo el tiempo. De hecho, hay momentos en los que me siento completamente normal, entretenida con mis cosas, pensando en nuevos proyectos, buscando inspiración o simplemente dejando pasar las horas con tranquilidad. Pero debajo de todo eso hay algo que ha cambiado, una especie de vacío silencioso que permanece incluso durante los días buenos.

Y creo que precisamente por eso, últimamente me estoy refugiando mucho más en las cosas pequeñas.

En bordar sin mirar demasiado el reloj, en ordenar fotografías antiguas, en sentarme con papeles, telas o hilos mientras afuera cae la tarde lentamente. Hay algo profundamente reconfortante en hacer cosas con las manos cuando la cabeza necesita descansar un poco, en repetir gestos sencillos que obligan a concentrarse solo en el presente, aunque sea durante un rato pequeño.

También me he dado cuenta de que miro los recuerdos de otra manera.

Hay fotografías que antes simplemente me parecían bonitas y que ahora tienen un peso distinto, momentos cotidianos que en su día parecían normales y que, sin embargo, con el tiempo terminan convirtiéndose en algo muchísimo más importante. Supongo que todos acabamos descubriendo, tarde o temprano, que la vida realmente está hecha de esas pequeñas cosas que casi pasan desapercibidas mientras ocurren.

Quizá por eso este mayo se siente tan diferente para mí. Porque todo parece más frágil, más valioso y, al mismo tiempo, más lejano. Como si una parte de mí siguiera intentando acostumbrarse a algo que todavía no termina de comprender del todo.

Y aun así, entre toda esa sensación extraña, sigo encontrando refugio en pequeños momentos que consiguen sostenerme un poco: una llamada tranquila, una tarde silenciosa en casa, la sensación de estar creando algo sin ninguna prisa, o simplemente el hecho de dejar que los días pasen despacio, sin exigirme demasiado.

Supongo que hay épocas en las que uno necesita justamente eso, bajar el ritmo, hacer silencio y permitirse atravesar los días con más suavidad.

Y quizá este mayo, para mí, está siendo exactamente eso.

Un mes extraño, un poco más vacío por dentro, pero también lleno de pequeños momentos tranquilos a los que aferrarme mientras todo encuentra, poco a poco, una nueva forma de colocarse.

Hasta aquí por hoy. Porque incluso las semanas más simples guardan momentos que merecen ser recordados.

Gracias por estar al otro lado. Si te apetece, déjame un comentario.

Me encantará leerte.

Comentarios

Entradas populares