Quiero un Julio vivido
Julio siempre llega con el verano completamente instalado. El calor ya no es una novedad, las noches se alargan casi sin darte cuenta y las rutinas empiezan a cambiar un poco alrededor de todo lo que implica vivir con treinta y muchos grados encima.
Hay cosas de julio que no me gustan demasiado. El calor fuerte, los mosquitos, dormir peor algunas noches o sentir que el aire pesa más de la cuenta cuando sales a la calle a ciertas horas. Pero aun así, cada año termino encontrando pequeñas cosas que hacen que este mes tenga algo especial.
Me gusta madrugar para ir a la playa temprano, cuando todavía hay calma y el sol aún no aprieta demasiado. Volver a casa con olor a sal y aftersun, darme una ducha fría y pasar la tarde refugiada dentro de casa con el aire acondicionado puesto, alguna labor entre las manos y música sonando de fondo.
También me gustan las noches de julio. Mucho más que los días.Las terrazas llenas, las cenas al aire libre, una cerveza bien fría con amigos, la sandía recién sacada de la nevera, los helados que se derriten demasiado rápido y esa sensación de que el día todavía no ha terminado aunque ya sea tarde.
Y luego están las tormentas de verano.
Siempre he pensado que tienen algo especial. El calor acumulado durante días, el cielo cambiando de golpe, el sonido de la lluvia después de tantas horas de sol… Incluso en pleno verano, las tormentas siempre consiguen recordarme un poco al otoño, y quizá por eso me gustan tanto.Este año no quiero pasar julio simplemente esperando a que llegue septiembre o sobreviviendo al calor hasta que termine el verano. Quiero vivirlo. Disfrutar de las noches largas, de las pequeñas escapadas, de las cenas en la terraza, de las tardes tranquilas en casa y de todos esos momentos sencillos que solo existen en esta época del año.
Porque al final, incluso los meses más calurosos terminan dejando recuerdos que merece la pena guardar.
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