🍂 Cuenta atrás para el otoño — ¡Faltan 4 semanas!

Unas vacaciones que dieron para mucho más de lo que parecía

El verano sigue aquí, con su calor y sus días largos, pero a estas alturas de agosto algo empieza a decirnos que septiembre ya no queda tan lejos.

La semana pasada os contaba algo un poco extraño: estaba escribiendo una entrada sobre unos días que todavía no había vivido. Mientras preparaba aquel capítulo antes de marcharme de vacaciones, no sabía cómo habría sido el eclipse, si conseguiríamos ver alguna Perseida ni qué pequeñas historias terminarían formando parte de aquellos días.

Ahora ya lo sé.

Estoy de vuelta en casa y, repasando las fotografías del móvil mientras pensaba en esta entrada, me ha hecho gracia darme cuenta de una cosa: si alguien me preguntara qué hemos hecho durante estas vacaciones, seguramente mi primera respuesta sería «pues tampoco hemos hecho gran cosa». Y, sin embargo, empiezo a recordar y resulta que hemos hecho de todo.

Un agosto muy nuestro

Granada nos recibió con muchísimo calor, así que no han sido unas vacaciones de hacer grandes excursiones ni de recorrer pueblos. Con esas temperaturas, sinceramente, apetecían bastante más la piscina, las tardes tranquilas y esperar a que bajara el sol para salir.

Y eso es precisamente lo que hemos hecho.

Ha habido mañanas de desayuno sin prisas, tardes de piscina, compras con mi hija, cervecitas y raciones cuando empezaba a refrescar un poco, cenas familiares, alguna visita al vivero con mi hermana —porque las dos somos incapaces de resistirnos a mirar plantas— e incluso un par de tardes de cine.

También celebramos el cumpleaños de mi marido rodeados de la familia y volvimos a Pinos Genil, un lugar que ya conocíamos del año pasado y al que me apetecía regresar. El río, las terrazas, las ocas paseando por allí y ese ambiente que tiene el pueblo hicieron que fuese una de esas noches sencillas que luego terminan formando parte de los recuerdos del verano.

Y entre unas cosas y otras, los días fueron pasando sin que apenas nos diésemos cuenta.

Y entonces llegó el eclipse

Creo que este momento merece que vuelva por un instante a la entrada de la semana pasada, porque allí os hablaba de algo que para mí todavía estaba en el futuro y que ahora ya forma parte de mis recuerdos de este verano.

El día del eclipse estábamos todos juntos: mi hermana, mi cuñado, mis sobrinos, mi hija y su novio, mi marido y yo. Habíamos preparado una barbacoa y, entre comida, conversaciones y risas, allí estábamos también todos con nuestras gafas esperando el momento de mirar hacia arriba.

Incluso conseguimos hacer fotografías con el móvil, con algún invento casero de por medio, y ahora me alegro muchísimo de tenerlas porque me permiten volver a ver las distintas fases de aquel rato tan especial.


Las pequeñas medias lunas que veis sobre la fachada eran las sombras que proyectaba la luz del Sol durante el eclipse.

Pero quizá lo que más recordaré no sea solamente el eclipse. Será haberlo vivido así, todos juntos, en mitad de una tarde de vacaciones cualquiera que, de repente, dejó de ser una tarde cualquiera.

Aquella noche también salimos a intentar ver las Perseidas. Después de todo lo que habíamos hablado de ellas, nuestro balance fue bastante modesto: una. 😂

Mi hermana y yo conseguimos ver una estrella fugaz. Una sola. Los demás, ni eso.

Estábamos cansados, llevábamos todo el día juntos y al final decidimos que aquella única Perseida podía darse por buena y nos fuimos a dormir. No fue precisamente la espectacular lluvia de estrellas que imaginábamos, pero ahora me hace gracia recordarlo y creo que también eso forma parte de la historia.

Un final que no estaba en los planes

Nuestras vacaciones deberían haber terminado unos días antes, pero el coche decidió que todavía no era momento de regresar a casa. Una avería nos obligó a quedarnos en Granada hasta que pudieran repararlo y, sin haberlo planeado, acabamos teniendo unos cuantos días extra.

Y esos últimos días tampoco fueron precisamente tranquilos.

De madrugada nos despertó un terremoto bastante fuerte y, a la mañana siguiente, el cielo cambió por completo y cayó una de esas tormentas de verano impresionantes que parecen descargar en unos minutos todo lo que llevan acumulando durante días.

Después de tanto calor, ver caer aquella cantidad de agua tenía algo casi hipnótico. Durante un rato, agosto parecía otro.

Y cuando finalmente recogimos el coche del taller y estábamos desayunando con mi hija y su novio antes de despedirnos, llegó otro terremoto. Definitivamente, Granada parecía empeñada en que no nos marcháramos sin una última anécdota que contar.

Agosto empieza a enseñarnos otra cara

Entre todas esas fotografías del móvil también he encontrado algunas que, en su momento, hice simplemente porque algo me llamó la atención: unas uvas creciendo en la vid, un pequeño olivo cargado de aceitunas, flores en el vivero, el agua del río, una tormenta oscureciendo el día…

Y ahora, al verlas juntas, me doy cuenta de que cuentan también otra historia.

Seguimos en pleno verano. Sigue haciendo calor y todavía quedan días de piscina, terrazas y noches al aire libre. Pero estamos entrando en esa parte de agosto en la que empiezan a aparecer pequeñas señales de lo que vendrá después.

No hace falta buscarlas demasiado. Están ahí.

Quizá por eso estas semanas me gustan especialmente. No porque quiera que el verano termine antes, sino porque podemos seguir disfrutándolo mientras empezamos a notar, muy poco a poco, que el año continúa avanzando.

Y esta vez lo noto especialmente al volver a casa. Me fui a principios de agosto, con muchísimo verano todavía por delante, y he regresado cuando al otoño ya solo le quedan cuatro semanas.

🍂 Esta semana te propongo

Después de unas semanas bastante movidas, esta vez me apetece proponeros cosas muy sencillas:

🌿 Mirad qué está ocurriendo a vuestro alrededor. Si tenéis cerca árboles, huertos, viñas o jardines, fijaos en sus frutos y en esos pequeños cambios que empiezan a aparecer a finales de agosto.

🌧️ Disfrutad de una tormenta de verano si aparece por vuestra zona, aunque solo sea contemplándola desde casa con las ventanas abiertas y escuchando cómo cambia durante un rato el sonido del verano.

📷 Revisad las fotografías que habéis hecho este mes. Elegid una que quizá no sea la más bonita, pero que os recuerde un momento que queráis conservar. A veces las fotografías más corrientes son las que mejor cuentan cómo hemos vivido una época.

🍁 Y ahora te leo…

Si miráis atrás y pensáis en lo que llevamos de agosto, ¿qué pequeño momento guardaríais de este verano?

Porque quizá los días que creemos que no hemos hecho nada sean, al final, los que más historias nos dejan.


Gracias por estar al otro lado. Si te apetece, déjame un comentario.

Me encantará leerte.


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